María Claudia Falcone militó para obtener el boleto estudiantil que ella no necesitaba, porque vivía a dos cuadras de su colegio. La torturaron salvajemente, la violaron y la hicieron “desaparecer” al igual que a sus compañeros.

Santiago Maldonado participó de una protesta pacífica a favor de los mapuches. Él no era mapuche. Fue reprimido, perseguido, posiblemente torturado y finalmente -todos lo sabemos- asesinado por la Gendarmería Nacional.

Cristina Fernández de Kirchner gobernó durante ocho años sin emitir una sola medida en contra del pueblo; al contrario, tocó intereses de los poderosos, de las corporaciones, del establishment. Los mismos que hoy, corporativamente, la demonizan, la hostigan judicialmente y la atacan económica y políticamente.
Cristina se jugó por el pueblo y hoy la quieren destruir para adoctrinar a todo aquel que ose defender a los más débiles.

Hace apenas unas horas, el dirigente social y abogado, Juan Grabois, fue detenido junto a otros dirigentes y ciudadanos senegaleses por defender a los trabajadores ambulantes en el marco de una feroz represión ordenada por el gobierno. Juan Grabois no es senegalés.

Uno de los libros que fue prohibido durante la última dictadura fue El Principito, y no es casual; en esa obra el autor francés destaca valores como la solidaridad, la cooperación, la empatía, la generosidad. Un personaje, el zorro, en el Cap. 21 le enseña al Principito el concepto de “domesticar”, “significa crear lazos”, le dice.
Y de esto se trata, de crear lazos sociales, de fortalecer la solidaridad, de sentir el dolor del Otro, de ponerse en el lugar de ese Otro y así identificarse desde la empatía y desde la sensibilidad.
María Claudia Falcone, Santiago Maldonado, Cristina Fernández de Kirchner y Juan Grabois, y tantos, tantos otros, cada uno desde su lugar político fueron y son referentes de estos valores.

La política consiste en eso básicamente, en ejercer la solidaridad, la lucha colectiva la defensa de los más vulnerables. Y por eso esta jauría de fascistas, los de hoy y los de siempre, necesitaron disciplinar a estos referentes y así despolitizarnos a todos.

Mucha sangre ha derramado este pueblo. No podemos permitir que esa sangre y ese dolor hayan sido en vano.
Sigamos haciendo política.